LAS MISIONES MERCEDARIAS

En 1779 la Orden de la Merced realizaba la última redención de cautivos; la esclavitud quedaba oficialmente suprimida. Tras la abolición oficial de la esclavitud en el siglo XVIII, se abre una nueva etapa para la Orden de la Merced, de reflexión y búsqueda de una acción carismática y redentora que sintonice con los orígenes de nuestra Orden.

El 24 de septiembre de 2013, fiesta de la Virgen de la Merced, patrona de las cárceles españolas, el ministro del Interior, Don Jorge Fernández Díaz, concedía la medalla de oro al Mérito Social a la Orden de la Merced por su compromiso social en su labor pastoral en las cárceles españolas.

 Es de subrayar que las autoridades civiles reconozcan y apoyen la labor social que tantos religiosos y religiosas desempeñan en España al servicio de los más marginados de la sociedad. El ministro destacó en su discurso, este compromiso de la Orden de la Merced con los cautivos de ayer y con las nuevas formas de cautividad de hoy, desde su fundación en Barcelona, hace ahora casi 800 años. 

La Provincia mercedaria de Aragón asume “el Apostolado Penitenciario como su apostolado primordial y como una forma concreta de vivir y ejercer el Cuarto Voto de la Orden” (Estatutos 42).

También realizan trabajos de pastoral penitenciaria otras Provincias mercedarias, como la Provincia mercedaria del Perú, Chile, Argentina, Provincia Romana, la Provincia de Quito-Ecuador y la Provincia de México.

La Provincia mercedaria de Castilla, aunque no tiene una estructura definida en este campo sí que hay varios religiosos que visitan prisiones y colaboran con esta Pastoral en España, República Dominicana y Camerún.

Aquí, en España, el P. Mario Alonso Aguado realiza el trabajo en la Pastoral Penitencia de la diócesis de Palencia, ocupando una capellanía en el Centro Penitenciario La Moraleja, de Dueñas. Una cárcel para unos 1.800 internos, muchos de ellos extranjeros, con nacionalidades diversas y problemática muy variada; muchos de ellos indigentes, con graves problemas mentales en algunos casos. Trabajo con asistencia social y espiritual a los presos, realización de diversos talleres ocupacionales y terapéuticos, tramitación de documentación y gestiones de lo más variado, coordinando tareas con educadores, trabajadores sociales, psicólogos, juristas y funcionarios. Atención a la Casa de Acogida de la ciudad de Palencia, para presos con permisos, al despacho de pastoral penitencia diocesana de la llamada Casa de la Iglesia, recibiendo ropa y paquetería para los internos, y poniéndolos en relación con sus familiares. Atención al voluntariado que colabora en diversas tareas y actividades y coordinación con capellanes a nivel regional, Castilla, León y Asturias, y a nivel nacional con encuentros en Madrid.

Trabajar por los privados de libertad es trabajar por los nuevos cautivos con rostro de presos y miradas solitarias. Es trabajar por el mismo Jesús preso y cautivo: “Estuve en la cárcel y vinisteis a verme” (Mt 25, 36).

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